25
May
08

El poder y la responsabilidad como consumidor

Este artículo viene como continuación de éste otro: La sonrisa de las transnacionales. En él planteaba una reflexión al final, sobre la culpabilidad y/o responsabilidad de la tremenda injusticia y desigualdad del comercio internacional y de la globalización. Tras una semana de reflexión, aquí trataré de explicar a continuación la conclusión final. Recuerdo que esta es mi opinión, una opinión que se verá enriquecida con los comentarios de los lectores que aporten ideas al debate. Todo es discutible.

En la anterior entrada llegamos a la conclusión de que el sistema es tremendamente injusto, conclusión que además no pilla a nadie por sorpresa. Cualquier persona puede aceptar eso, le guste o no. Las terribles desigualdades e injusticias están patentes y no pueden ser negadas.

Bien, comprendido esto, vamos a intentar explicar que las multinacionales no ríen solas. Si bien el título “La sonrisa de las multinacionales” puede hacernos creer que el malo de esta historia son las multinacionales, los ciudadanos consumidores son irremediablemente quienes las mantienen vivas. Sin ellos una empresa no podría existir.

La culpa de las miserias y horrores que causan el trabajo esclavo y la explotación es, en gran parte, del consumidor. Al consumidor, por norma general, le da igual lo que compra, o no se preocupa por ello. Sólo mira el precio y/o la marca, entonces ¿realmente le preocupa que ocurran estas cosas? Creo que estaréis de acuerdo en que la respuesta es no. Se olvida de todo cuando sale de compras. ¿Cómo puede alguien exigir justicia y libertad, para luego apoyar económicamente a empresas que justifican todo lo contrario? Eres lo que compras (perdón por emplear un lema tan tópico)

La única manera (y la más eficaz) de exigirle a las empresas un comportamiento y unas prácticas respetuosas es mediante nuestras compras. No podemos escandalizarnos leyendo algunas noticias, pero luego ir a comprar a la misma empresa que hace un momento nos horrorizaba. Las empresas venden lo que la gente compra, ni más ni menos. Sólo buscan obtener el mayor beneficio. Es la gente la que debe decidir que quiere comprar o que piensa sobre las prácticas de las empresas, si es que acaso le importa. No basta con firmar un manifiesto por internet, o escribir un correo electrónico al presidente de una gran compañía. Actúa en consecuencia.

Vamos a intentar describir algunos conceptos básicos sobre lo que debería ser un consumo responsable, entendido como aquella persona que detesta la existencia de situaciones como esta o esta, y ejerce su poder como consumidor para intentar cambiarlo (o para no contribuir en esta locura de globalización). Nos centraremos en dos aspectos básicos: el origen y el precio de un producto.

Origen

Cuando vamos a comprar un producto que necesitamos, una de las cosas más fáciles de comprobar (aunque no siempre) es su origen. Podemos encontrarlo normalmente en la etiqueta, aunque en ocasiones no lo pone o no tienen etiqueta. En estos casos debemos preguntar al dependiente/a de la tienda de forma abierta y descarada. No debemos avergonzarnos porque sabemos perfectamente los motivos por los que queremos conocer esta información, y además es posible que consigamos provocar curiosidad también al resto de consumidores (lo cual es todo un logro🙂 ).

Una vez conozcamos el país de origen del cual procede, o en el cual ha sido fabricado, podemos preguntarnos por la situación de los Derechos Humanos en ese país; lo cual va también muy relacionado con los derechos laborales (por ejemplo, en China los sindicatos están prohibidos, así como el derecho de huelga). Para todo esto, la información es nuestra mejor aliada. ¿Qué sabemos sobre ese país?

Otros aspectos que merece la pena plantear, es el nivel de vida en ese país. Que no te engañen, la explotación de miles de personas que viven con menos de un dólar al día no se llama ventaja competitiva. Todo esto está explicado aquí. ¿El pijama de tu hija proviene de Haití, allá donde comen galletas de barro para no morir de hambre?

Por otro lado, en un mundo globalizado, los aspectos ecológicos son cada vez más importantes a la hora de comprar. Esto que tengo que comprar ¿cuántos kilómetros ha recorrido para llegar a mi casa? ¿No lo podría comprar en algún otro sitio donde que provenga de más cerca? Teniendo en cuenta el consumo energético y la contaminación derivados de traer un par de zapatos de Malasia a España (por ejemplo), es mucho mejor si estos zapatos los hacen dentro de tu mismo país, provincia o ciudad. Evitando así el absurdo despilfarro energético que supone que tus zapatos, tu fruta o tu armario ropero tengan que venir de la otra punta del mundo.

Son, evidentemente, muchos los puntos de vista que se le pueden dar. Aquí sólo hemos mencionado algunos, piensa por ti mismo/a cada vez que tengas que comprar algo.

Precio

Esta es una cuestión quizá más complicada de entender. Nuestra delicada mente capitalista nos dificulta comprender el valor real de un euro. Sería difícil lograr que todos/as entendáis a que me refiero, pero no obstante intentaré explicarlo lo mejor posible.

Tenemos el mal vicio de elegir siempre el producto más barato, dentro de unos límites. En muchas ocasiones ese es nuestro único criterio de decisión. Sin embargo, el precio es mucho más que un número, puede ser la diferencia entre una chaqueta de marca Zara fabricada en Vietnam, o una chaqueta de la tienda de tu barrio, fabricada en tu misma provincia en condiciones totalmente distintas.

Los criterios anteriormente descritos están muy bien, pero siempre que no me vaya a costar más caro. Esto es lo que nos vamos a encontrar en la mayoría de la gente, que no se priva de salir, divertirse, viajar, comprar sin necesidad o darse caprichos, pero si una camiseta le cuesta 3€ más, lo tiene claro. ¡Qué ironía! Es una cuestión de prioridades. El verdadero consumo responsable es aquel que comprende el auténtico valor de un producto de fabricación nacional, de comercio justo, o de comercios tradicionales; frente a las cadenas de tiendas, las multinacionales, las subcontrataciones y el trabajo precario (con todo lo que eso implica).

Se es un auténtico consumidor/a responsable cuando se comprende que todos estos motivos tienen mucho más valor que 10€, y que el precio no es lo único que importa. De todas formas, no tiene porque haber relación entre un producto “ético” y su precio con respecto a un producto menos “ético” y su precio. En ocasiones será más caro uno, y en ocasiones el otro, lo importante es ver más allá del precio, y apreciar su auténtico valor. Es tu poder de decisión el que hace que las cosas cambien, o sigan como están. ¿Cuanto cuesta realmente ese euro que marca la diferencia?

—————————————————

Ejemplos de lo que puede ser un consumo responsable hay miles, no siguen un patrón común. A veces es más fácil, a veces es más complicado. A veces sale más barato, a veces más caro. Lo importante es ser consciente del valor de las cosas y de su realidad más allá del precio y/o la marca. Cito dos ejemplos y terminamos con esto:

Un día salí a la calle para, entre otras cosas, comprar caramelos de limón (mi padre estaba con dolor de garganta). Tras pasar por delante de varios paquetes de caramelos Halls y Mentos en varios sitios diferentes, decidí buscar una alternativa a estas dos grandes multinacionales y seguí buscando. Al poco rato de haber pasado por delante del último lugar donde me vendían caramelos “de marca”, me encontré en otro sitio con un paquete de caramelos de limón de una empresa de Crevillent, una pequeña ciudad a unos 20km de donde yo vivo. Los caramelos me costaron casi una tercera parte de lo que costaban los otros, y estaban buenísimos🙂. Al llegar a casa mi padre me habló de que esa empresa llevaba mucho tiempo en Crevillent, y la conocía desde hace muchos años… sin embargo, no creo que tengan mucha suerte de que en la gran mayoría de los puntos de venta de la comarca no puedas encontrar más que caramelos norteamericanos.

Hace una semana, me encontraba en Murcia con mi novia buscando unas esparteñas (calzado típico de diferentes regiones de España). Tardamos una hora y media recorriendo diferentes tiendas hasta encontrar unas que no hubiesen sido fabricadas en China, ¡estamos hablando de comprar esparteñas en Murcia! La cosa es grave, ni el calzado más típico de la huerta murciana está ya hecho en España. Pasamos por varias tiendas “de las de toda la vida” en las que sólo tenían esparteñas de China. En algunas sólo lo supimos preguntando, ya que no todas tenían etiquetado (¡gracias por la honestidad y sinceridad de los tenderos/as murcianos!). Suerte que, después de una hora y media, encontramos en otra de las tiendas “de las de toda la vida” esparteñas Made in Spain, en varios colores y modelos y a muy buen precio (sólo 1€ más caras que las de China). Me preocupa que cueste tanto encontrar calzado típico de Murcia (y de muchas regiones españolas en general) que esté hecho en España. Según tengo entendido, en China no hay esparto (ni tampoco protección de los Derechos Humanos más básicos).

La regla de oro: no comprar. Reduce tu consumo, compra lo mínimo, vive mejor. Si no lo necesitas, no lo compres.

Lo más importante, el poder y la superioridad que te proporcionan la información y el conocimiento. La satisfacción de sentirte consciente y plenamente responsable de tus actos.

Más información:

https://manosinvisibles.wordpress.com/2008/02/20/consumo-responsable/

https://manosinvisibles.wordpress.com/2008/02/28/el-fin-de-la-democracia/

Quien quiera opinar, debatir, aportar o criticar alguna idea, agradeceré los comentarios…


6 Responses to “El poder y la responsabilidad como consumidor”


  1. 29 mayo, 2008 a las 1:47 pm

    Es cierto que el consumo responsable es algo que todos deberíamos llevar a cabo en la medida en que pudiéramos, aunque en ocasiones sea complicado. Sin embargo, yo creo que nuestras compras no son la única manera de exigirle a las empresas que se comporten debidamente, y en algunas ocasiones tampoco la más eficaz.

    Me explico. En algunas ocasiones, una campaña de consumo responsable puede dañar mucho económicamente a alguna empresa, obligándola a rectificar en el mejor de los casos, o en el peor no obteniendo nada mas que una declaración de buenas intenciones que con el tiempo acabará incumpliendose de nuevo. Claro que esto no se daría si todo, o casi todo, el mundo practicara siempre un consumo responsable en todas sus compras. Pero para lograr esto, habría que vencer a todo el entramado publicitario, que cuenta con unos medios imposibles de enfrentar en igualdad de condiciones. Además, hay determinadas empresas que también explotan a sus trabajadores, pero en lugar de vender a los consumidores occidentales lo hacen a gobiernos u otras empresas, con lo que no quedaría forma de presión contra ellas.

    Yo creo que el fondo del problema no está en que ciertas empresas violen los derechos humanos y tengamos que convencerlas para que dejen de hacerlo. El problema es que el sistema económico les permite hacerlo (con el apoyo de los gobiernos, por supuesto). Al igual que en la época de la industrialización, una serie de luchas sindicales lucharon por que se cumplieran los derechos de los trabajadores, el objetivo tiene que ser el mismo: luchar por que a las empresas no les esté permitido violar los derechos humanos, no solo en su país de origen, sino en ningún lugar del mundo.

    Y para conseguir esto, por supuesto que es muy interesante boicotear a las empresas que explotan a sus obreros, pero la lucha tiene que ir más allá, exigiendo unos mecanismos democráticos con los que la gente pueda controlar a las multinacionales.

  2. 29 mayo, 2008 a las 7:05 pm

    Totalmente de acuerdo con tu comentario anarkoduende. Es un tema que quizá debería haber incluido también en el artículo, pero al final no puse nada. En las manos de los ciudadanos de a pie está también el exigirles a las empresas un comportamiento justo, y deberíamos exigir que este sistema no permitiese “todo” en favor del capital. No todo vale, y así debería de estar legislado con sus respectivas prohibiciones y limitaciones empresariales.

    Ese es el mal del libre mercado, que desgraciadamente todo sí vale con tal de hacer más dinero. Sin importar que partido político gobierne, las empresas y el capital están por encima de todo eso si no hacemos nada por cambiarlo.

    Muy buena aportación, gracias por tu comentario.

  3. 21 junio, 2008 a las 6:25 am

    Somehow i missed the point. Probably lost in translation🙂 Anyway … nice blog to visit.

    cheers, Babysat!

  4. 21 junio, 2008 a las 11:19 pm

    Thanks for the comment, Babysat!!


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