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Tres montañeros de la Vega Baja conquistan el 6º pico más alto del planeta

Esta tarde ha tenido lugar en Orihuela una conferencia sobre cuatro montañerosVista del Cho Oyu procedentes de Callosa de Segura y Almoradí narrando su expedición al pico Cho Oyu durante otoño de 2006. Son los primeros habitantes del Bajo Segura en lograr ascender un ochomil, lo cual me parece un hecho muy destacable.

Lo que me ha decepcionado profundamente es la poca asistencia de público a la conferencia. Había aproximadamente 10 personas en el acto, en un municipio con más de 30.000 habitantes en su casco urbano. ¿Cuál es el problema, qué está fallando? Creo, personalmente, que nos pasa algo si ante un acontecimiento así, el 99’999…% de los habitantes se queda en su casa. Planteo dos opciones, o bien esto no interesa (el hecho de que compañeros y vecinos de Callosa y Almoradí sean los primeros en conquistar un ochomil en la comarca), o bien no se ha publicitado lo suficiente y la gente no estaba informada. Puede que sea un poco de todo, y un poco de ninguna de esas dos opciones. A mi me gustaria saber qué tipo de actividades mueven entonces a lxs oriolanxs… si este acontecimiento no resultaba interesante.

En fin, desde aquí mi enhorabuena a los osados montañeros por inscribir nuestra comarca en la lista de ochomiles. Espero que pronto se despierte en Orihuela una conciencia y unos intereses más cercanos a la cultura y al deporte.


1 Response to “Tres montañeros de la Vega Baja conquistan el 6º pico más alto del planeta”


  1. 22 abril, 2013 a las 12:22 am

    Angel y George eran dos recién casados que tenían que hacer malabarismos
    con sus largas horas de trabajo y criar al mismo tiempo a dos niños pequeños.
    Esa es una situación lo suficientemente dura en sí
    misma como para someter a gran presión
    a cualquier matrimonio, pero realmente no se requeriría ninguna formación especial en
    el campo de la investigación psicológica
    para percibir que esta pareja en concreto estaba atravesando por una crisis.

    El diálogo que acabamos de presentar un poco
    más arriba no es sino un fragmento de la pelea
    que tuvieron en el laboratorio de investigación en el que yo trabajo.

    Este tipo de análisis informáticos. que muy
    a menudo se utilizan para descifrar un determinado código lingüístico o una secuencia de ADN, permiten
    detectar la presencia de una pauta subyacente. Los resultados que obtuvo la doctora Mary Hasta vinieron a
    indicar que las parejas que parecen mostrarse más proclives a actuar como adversarios que a comportarse como
    amantes se encuentran en realidad atrapados en lo que,
    en términos técnicos, se conoce con el nombre de un
    «estado de negatividad absorbente». Esto significa que las probabilidades de que caigan en dicho
    estado son mayores que las probabilidades de poder salir de él.
    O dicho en otras palabras: se quedan atascados. Estas desdichadas parejas quedan encerradas en
    una especie de ratonera para amantes: les resulta fácil entrar en ella, pero no abandonarla y marcharse.
    De este modo, consumidos por la negatividad. la relación que mantienen llega a su fin.

    A lo largo de mi carrera profesional he topado con más
    de un escéptico, es decir, con personas que no creían que los sensores,
    los ordenadores. las videocámaras y los demás instrumentos de mi laboratorio pudiesen
    medir algo tan misterioso y aparentemente indefinible como el amor.
    Evidentemente, los científicos no pueden elaborar un filtro
    amatorio ni prometer una solución para todas las tribulaciones que puedan abatirse sobre una relación.

    Sin embargo, sí que está en mi mano ofrecerle un
    conjunto de consejos basados en datos objetivos, es decir, fundados en algo muy diferente a una teoría carente de confirmación o a la
    simple experiencia subjetiva de un determinado terapeuta. En las páginas que siguen expondré los frutos de mis investigaciones.

    el ámbito científico es extremadamente frecuente que se puedan realizar
    nuevos descubrimientos sobre la base del trabajo previo de otras personas.
    Sin embargo, en mis indagaciones sobre la confianza no podía contar con los beneficios de ese respaldo debido a que, hasta donde me es
    dado saber, no se había efectuado anteriormente ninguna
    investigación matemática vinculada con el establecimiento de un
    índice de confianza. No se había considerado hasta la fecha que el grado de lealtad que pudiera existir entre los miembros
    de una pareja revistiera la suficiente importancia como para proceder a efectuar tan intensos
    cálculos numéricos.


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